¿Puedes darte un paseo tranquilo por Marte?

La película de ‘El marciano’ comienza con una gran tormenta en Marte. ¿Son tan terribles como muestra la película las tormentas en el planeta rojo?

En absoluto. Sí que es cierto que en Marte ocurren tormentas tan fuertes de viento y polvo, que han sido capaces de acabar con el agua que poseía Marte en su superficie.

Esto fue descubierto gracias al satélite ExoMars Trace Gas Orbiter, que logró identificar que las partículas de agua en el planeta pueden elevarse a 80 km de altura cuando se registra una tormenta de polvo.

Tras llegar a esa altura, las partículas de agua simplemente se evaporan ya que tienen un contacto directo con los rayos del sol debido a la ausencia de campo magnético en el planeta.

Sin embargo, de acuerdo con los astrónomos, es poco probable que estas tormentas de polvo pudieran destruir el equipo, ya que la velocidad de los vientos más fuertes de Marte es de menos de 97 km/h.

Teniendo en cuenta que los vientos huracanados que se producen en nuestro planeta a veces han superado los 250 km/h además de que la densidad de la atmósfera de Marte es mucho menor que la del planeta Tierra, podemos decir que la tormenta del inicio de la película es algo exagerada.

Cuando el astronauta queda atrapado, se pone a cultivar en suelo marciano tubérculos de patata dentro del habitáculo presurizado, con cantidades estables de oxígeno, utilizando como abono los excrementos de los compañeros que están guardados en bolsas al vacío. Un fallo apreciable es la falta de luz solar en el habitáculo, además, la luz solar es muy tenue en Marte y necesitaría reflectores para concentrarla, o en su defecto un set de lámparas de cultivo  con una longitud de onda adecuada para el crecimiento de la cosecha.

Actualmente se está llevando a cabo el proyecto Melissa de la Agencia Espacial Europea (ESA). Melissa es el acrónimo en inglés de ‘Sistema Alternativo Micro-Ecológico de Soporte a la Vida’ y lo forma un consorcio internacional de trece socios que busca crear un ecosistema perfectamente sostenible. El proyecto Melissa prevé alimentar a los astronautas con vegetales y espirulinas, Arthrospira platensis que realizan la fotosíntesis y que son comestibles.

Entre los vegetales seleccionados por el proyecto están la lechuga, la remolacha, el trigo y la patata. Crecerán en cultivos hidropónicos, bañados en agua rica en nutrientes y casi sin tierra. Se trata de un sistema altamente eficiente.

https://www.lavanguardia.com/ciencia/fisica-espacio/20180310/441373279335/como-cultivar-patatas-marte-melissa-alimentar-astronautas.html

Paula Iborra Martínez

¿Has quemado con tus ojos al perro de los vecinos sin querer?

Hoy vamos a abordar una de las preguntas más repetidas desde que el mundo de la ciencia ficción llegó a la gran pantalla… ¿Yo, puedo ser un mutante como los de las películas?

Todos sabemos que nuestras células pueden sufrir mutaciones que pueden derivar a diversas enfermedades y patologías pero, ¿también pueden derivar en poder convertirte en Mística, en poder leer las mentes como el Doctor Xavier?

Hoy vamos a analizar la gran saga de películas de X-Men y vamos a constatar si todo lo que mencionan en dichas películas es aplicable a la vida real.

Los X-Men se caracterizan por ser mutantes, una especie de sub-humanos que nacen con habilidades sobrehumanas activadas por el gen Factor-X, el cual se manifiesta en la adolescencia, dotando a determinadas personas de rasgos únicos y característicos como son la telequinesia o la capacidad de echar rayos láser por los ojos.

Sin embargo… ¿Es esto posible realmente? ¿Es posible que una persona que desde su nacimiento no ha expresado ninguna mutación sea capaz de expresarlas a partir de un determinado tiempo? ¿Es posible que una persona, a partir de la adolescencia, pueda desarrollar garras metálicas?

Lamentablemente, esto no es posible. Los X-Men se caracterizan por ser personas normales las cuales presentan el gen Factor-X, un gen que el resto de los humanos no presenta, pero, ¿cómo se expresa? ¿No debería de expresarse desde su nacimiento? Y si se trata de un gen reprimido, ¿qué es el factor que lo activa?

Aunque técnicamente sí que sería posible ser un mutante en la vida real ya que cada una de las células del organismo humano presenta el nuevo gen, esto es imposible debido a nuestra última pregunta planteada. ¿Qué factor es capaz de activar el gen Factor-X que hasta entonces se encontraba reprimido? Y, ¿por qué, si todos los X-Men presentan el mismo gen, poseen diferentes mutaciones?

Todas estas cuestiones e intrigas son las que hacen imposible que existan X-Men en la vida real. Por otro lado, sí que nos vamos a encontrar a mutantes en la vida real, ya que cualquier tipo de radiación (entre otras vías) es capaz de modificar nuestro material genético. Sin embargo, no vamos a ser capaces de desarrollar superpoderes, sino más bien una súper enfermedad, donde, debido a las modificaciones genéticas sufridas, nuestras células van a reconocer fallos en su sistema y van a comenzar el proceso de apoptosis para poder de esta forma eliminar el fallo genético.

Gemma Martínez Pascual

NIÑOS TRANSGÉNICOS: ¿EL FUTURO O UNA LOCURA?

Tal y como se plantea en la película “Gattaca” y en el libro “Un mundo feliz” podemos mirar hacia el futuro pensando en una nueva supergeneración libre de enfermedades genéticas y prevenidas contra enfermedades adquiridas ya conocidas, en otras palabras, un futuro en el que se haya erradicado cualquier enfermedad.

Ahora cabe preguntarnos, ¿podría ocurrir esto en la vida real?

Sin ir más lejos, no sólo puede ocurrir en la vida real, sino que ya ha ocurrido, el primer caso de un bebé modificado genéticamente se dio en China, a manos del investigador He Jiankui, quien alteró los genes de dos embriones de gemelos en noviembre de 2018 antes de implantarlos en el útero de la madre, para hacerlos resistentes al virus del SIDA, mediante una técnica de edición de genes denominada CRISPR (Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats o Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente Espaciadas).

He Jiankui y las gemelas modificadas genéticamente
Técnica CRISPR-Cas9

Esta técnica emplea una endonucleasa (Cas9) asociada a la enzima CRISPR, que corta y corrige el ADN de una célula asociado a una enfermedad. Un ARN guía dirige a Cas9 al lugar exacto de la mutación y el complejo CRISPR-Cas9 realizan un corte en ese lugar, tras ello, la maquinaria de reparación celular, repara específicamente el ADN cortado. La secuencia CRISPR fue descubierta en un microorganismo halófilo (tolerancia extrema a la sal) en Alicante; esta secuencia es una región del ADN de algunas bacterias que actúa confiriéndoles inmunidad frente a los virus, por lo que, ante un ataque del virus, la bacteria es capaz de reconocerlos y destruirlos con eficacia. Este descubrimiento tiene enormes aplicaciones en medicina, ya que al poder modificar el ADN, se podrían prevenir gran cantidad de enfermedades que sabemos que ocurren por cambios mínimos en la secuencia del ADN.

Lo que hizo el genetista chino, fue eliminar 39 letras en el gen CCR5, que son esenciales para que el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) pueda infectar los glóbulos blancos. El problema del uso de esta técnica, es que CRISPR también puede introducir errores adicionales además de que es posible que tampoco edite todas las células por lo que el individuo tendría dos genomas diferentes, e incluso puede modificar en distinto grado varias células, por lo que estaríamos hablando de un “bebé mosaico”, con células sin editar y células editadas en diferente grado.

A día de hoy, He Jiankui ha sido sentenciado a 3 años de cárcel y a una multa de 3 millones de yuanes por violar la ética y los códigos de conducta académicos así como por haberse saltado las regulaciones nacionales sobre investigación científica y gestión médica de forma deliberada, además de no poder volver a desempeñar nunca cualquier actividad relacionada con el mundo sanitario. Y no sólo esto, sino que también se ha ilegalizado este tipo de experimentos en 29 países de momento, entre los que se incluye España.

Pese a las ventajas que tendría esta nueva tecnología en cuanto a resistencia ante enfermedades, también tenemos que tener en cuenta el hecho de que esto se llevara más allá y se crearan bebés “a la carta”, es decir, que los padres pudieran seleccionar las características que tendría su hijo al crecer y desarrollarse. Aquí topamos con un gran dilema ético; alterar tanto la aleatoriedad de la naturaleza, ¿no sería como crear robots programados para que sean y hagan lo que sus dueños quieran? ¿Serían personas libres psicológicamente o tendrían pensamientos predeterminados?

Por ejemplo, en el libro anteriormente mencionado, los “bebés de diseño”, no son libres en ese mundo, ya que están pre-programados para tener un oficio u otro, es decir, tienen un destino programado. Si la modificación génica llegara a tal desarrollo, ¿ocurriría de esa forma o sería imposible predeterminar la personalidad y pensamientos de un ser humano? ¿Podríamos llegar al punto de tener “bebés a la carta”?

Si bien esta tecnología en humanos está aún en pañales, no es nada probable que se cumpliera ninguna de estas distopías en un futuro cercano, ya que de momento está bajo una extrema vigilancia y se están restringiendo los experimentos relacionados con ella, es imposible negar la ventaja que tendría perfeccionar la técnica para crear una población resistente a ciertas enfermedades sin que diera lugar a “bebés mosaico” ni se introdujeran errores adicionales al genoma en vez de ser corregidos. Se sabe que las niñas modificadas genéticamente por He Jiankui no son inmunes al VIH, serían resistentes puesto que el virus sería eliminado con bastante eficacia, pero en caso de que llegaran a infectarse contraerían la enfermedad y su salud se vería deteriorada, pero a una velocidad menor que una persona no editada.

En conclusión, una sociedad modificada genéticamente se nos escapa de las manos con la tecnología que conocemos actualmente, aunque no sea algo imposible, hay limitaciones como que no se puedan editar todas las células del embrión o haya fallos en la técnica, además de vernos con grandes impedimentos éticos.

https://culturacolectiva.com/tecnologia/ninos-transgenicos-futuro-de-la-industria-humanos-de-diseno

https://elpais.com/elpais/2019/12/30/ciencia/1577710962_002091.html

https://culturacolectiva.com/tecnologia/cosas-que-saber-bebes-modificados-genes-VIH

https://elpais.com/elpais/2018/11/26/ciencia/1543224768_174686.html?rel=mas

Inmaculada Lozano Lorente

¿Miedo a que un día un apocalipsis zombie te prive de tu siesta?

Seguro que todos hemos visto películas, series y cómics sobre zombies, y además de imaginar futuros post-apocalípticos, nos hemos preguntado alguna vez ¿Pueden existir los zombies? Los científicos también solemos ser algo frikis, y cuando vemos películas o series de zombies, nos fijamos en qué cosas podrían tener sentido científico, y cuáles no son posibles.

Desde que George A. Romero estrenó La noche de los muertos vivientes en 1968, el cine y la televisión se ha plagado de historias apocalípticas zombies, con películas como 28 semanas después, Resident Evil, con sus 7 entregas, 30 días de oscuridad, o llegando al cine español con Rec; así como con series, entre la que sin duda destaca The Walking Dead. Éstas ofrecen un ambiente común: una bacteria agresiva o un virus, diseñados o fruto de alguna mutación, que se propagan entre las personas sobre todo a base de mordiscos y, tras morir, resucitan y transformadas en individuos descerebrados, torpes y renqueantes que se pudren y lo único que buscan es hincar el diente y devorar a cualquier ser vivo que tengan a su alcance. Pero, ¿es esto posible? Vamos a ver los factores que influyen en la posibilidad de convertirte en uno de ellos en base a lo que la ciencia nos aporta.

Zombie por un virus

Para empezar, un virus es un agente infeccioso que requiere de una célula viva para poder colonizarla y así reproducirse. Entonces, si la persona está muerta, sus células también lo estarán. Desde esta perspectiva, dicho virus no podría infectar y propagarse. Por tanto, la premisa fundamental de la gran mayoría de obras relacionadas con este tema se derrrumba.

Descomposición natural

Sin embargo, si existiera un ‘’supervirus’’ que consiguiera levantar a un muerto, el proceso de descomposición natural de un cuerpo reduciría el supuesto apocalipsis zombie a unos cuantos meses. Durante el proceso de descomposición, nuestras células mueren poco a poco, inhabilitando los tejidos de nuestro cuerpo, y por tanto músculos y huesos. Respecto a la locomoción, en los humanos es posible gracias a los vínculos entre los músculos, los tendones, los elementos esqueléticos y demás. Si este sistema falla, no nos movemos apenas, si es que lo hacemos, de ahí que fuese imposible que los zombies se movieran, y mucho menos correr como hacen algunos y derribar a personas vivas. No posible que un cuerpo esté medio destruido y aun así se mueva como si nada. En muchas películas vemos a algunos zombies que son casi esqueletos, que han perdido músculos en piernas o brazos, y que aun así se siguen moviendo como si el hecho de no morir también les diese el poder de moverse como por arte de magia. Si se pierden los músculos, ya no se pueden mover los huesos, así que eso no es posible, simplemente una estrategia visual para causar más terror.

Considerando la falta de cerebro, el sistema nervioso central humano controla toda nuestra actividad muscular disparando señales eléctricas desde el cerebro a las células musculares, que se contraen en respuesta a las órdenes de la materia gris. Muchos zombies parecen sufrir heridas masivas en la cabeza que podrían hacer que el cerebro no funcionase por completo, lo que hace que la idea de caminar sea aún más inverosímil.

Clima terrestre

El implacable clima de la Tierra afectaría a los zombis de muchas maneras. El alto calor y la humedad aceleran el deterioro de la carne podrida al proporcionar las condiciones perfectas para la proliferación de insectos y bacterias, que descomponen todo aquello donde se establecen sus enzimas. Virus, hongos, bacterias y otros invasores microscópicos han socavado la humanidad desde el comienzo de los tiempos. Sin embargo, nuestro sistema inmunológico, rebosante del armamento de los glóbulos blancos, nos mantiene vivos, pero no es así para los zombies: son un caldo de cultivo perfecto para un número incalculable de bacterias, hongos y virus que acortarían rápidamente la vida a sus anfitriones, devorándolos desde dentro hacia afuera.

La trama de The Walking Dead se desarrolla en Atlanta, Georgia, en EEUU, donde las temperaturas pueden llegar a los 32ºC. Nuestros queridos zombies de la primera temporada se »achicharrarían» allí.

Por otro lado, la película 30 Días De Oscuridad está ambientada en Alaska, donde se alcanzan fácilmente los 10 grados bajo cero… ¿Qué le pasaría a los zombies? Pues el invierno haría que los huesos de los zombis se volvieran más frágiles de lo que ya son. Incluso el más mínimo golpe o tropiezo podría hacer que sus esqueletos colapsaran por completo, tal vez incluso por su propio peso.

Eso sin mencionar el deterioro causado por los rayos ultravioleta del sol, los vientos huracanados, la lluvia y el granizo. Quizá este mal tiempo sea uno de los motivos por los que tantos zombies prefieren alojarse en sótanos o cárceles abandonadas, dándonos tantos sustos en numerosas escenas.

Los alimentos de los zombies

Todo ser necesita energía para moverse, y si se mueve sin obtener ninguna fuente de energía (como es el alimento), en algún momento se le tienen que “agotar las pilas”. Por tanto, no es posible que existan seres que se mantengan en movimiento indefinidamente sin alimentarse, como en muchas películas de zombies, que aunque estos no coman, parece que pasan años caminando sin agotar sus energías. 

En caso de que nuestros amigos zombies encuentren algún cerebro para alimentarse, éstos podrían seguir caminando en busca de más cerebros para comérselos, como estableciendo una relación entre que si a ellos no les funciona bien el suyo, necesitan comerse otros sanos. Ésta es la idea típica de este género de ficción, donde los zombies buscan cerebros. Es algo que no tiene ningún sentido; dado que no les funciona bien, lo que menos cabe esperar es que sean tan selectivos con su comida. En eso las sagas más modernas van siendo más realistas, mostrando a zombies que se comen cualquier cosa que puedan llevarse a la boca.

Comportamiento zombie

Por otro lado, que algunas personas se comportasen como los zombies sí sería posible. Si hablamos por ejemplo de que caminen y ataquen de manera salvaje, como si no se parasen a pensar lo que hacen; que fuesen capaces de morder e incluso comerse a otra persona, o de avanzar hacia el fuego o algún peligro sin preocuparse por su seguridad, como si su cerebro actuase de forma automática sin pensar, o dicho metafóricamente, como si “no hubiese nadie al volante”. Eso es posible (aunque no fácil) porque bastaría con que algún patógeno atacase ciertas zonas del cerebro. Podría pasar si algún virus, hongo o bacteria dañase las zonas del cerebro (como la corteza cerebral), o que su metabolismo diera lugar a la síntesis de alguna toxina que atacara dichas zonas, que son responsables de nuestros pensamientos más “elevados”, aquellos que nos hacen seres inteligentes, y que permiten que nos preocupemos por otras personas o que seamos capaces de razonar qué cosas son peligrosas para nosotros.

Sin embargo, hay algo que no cuadra en ese comportamiento zombie y que también se repite en películas y series; una característica llamativa, y es el hecho de que en muchas de las sagas, los zombies se reconocen. Forman grupos o “manadas”, y no se atacan entre ellos, sino que se desplazan juntos en busca de personas normales a las que hincar el diente. ¿Tiene sentido que no se ataquen entre ellos? Pues no mucho. Como hemos explicado en el apartado anterior, para comportarse como zombies deberían tener alterado el funcionamiento de su cerebro, por lo que todas las complejas funciones sociales deberían desaparecer. Serían seres violentos y sin ningún tipo de control o limitación. La única cosa que parecería tener sentido es que la carne de los zombies no sea nutritiva ni para ellos, pero no hay motivo para suponer que ellos fuesen capaces de razonar eso.

Podríamos debatir más en profundidad qué pasaría si los zombis se reprodujesen entre ellos, y entrasen en juego cuestiones evolutivas por selección natural, pero aun así, los zombies deberían mostrar agresividad entre ellos. Su mente deteriorada probablemente no sería capaz de desarrollar ni siquiera comportamientos sociales que sí vemos en otros animales. Por lo tanto, no son razonables esas avalanchas de zombies, llevándose »tan bien» entre ellos sin atacarse y todos hacia los humanos, escenas presentes, por ejemplo, en numerosas entregas de Resident Evil. Por tanto, dichas manadas de zombies son una excusa para que haya más tiros, sangre y tensión, que al fin y al cabo, le dan esa emoción que buscamos en este género de ficción.

Por estas razones y más, tranquilo, no vas a tener que comprar armas ni prepararte recursos en un bunker de emergencia, porque de momento, la ciencia nos explica que una invasión de zombies no nos va a invadir. Sin embargo, la biología y la química son dos amigas que pueden darnos sorpresas impensables a lo largo de la historia de la humanidad. Así que, ¡ándate con ojo!

María Fuensanta Llobregat Pérez

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